1 NEFI 1:13 | "¡AY, AY DE TI, JERUSALÉN"

"Y leyó, diciendo: ¡Ay, ay de ti Jerusalén, porque he visto tus abominaciones! Sí, mi padre leyó muchas cosas concernientes a Jerusalén: que sería destruida, así como sus habitantes; que muchos perecerían por la espada y muchos serían llevados a Babilonia."

Se desconoce el contenido exacto del libro que se le entregó y ordenó leer a Lehi; sin embargo, Nefi procede a presentarnos un breve y original comentario original (probablemente extraído del mismísimo libro de Lehi) de su propio padre: "¡Ay, ay de ti Jerusalén, porque he visto tus abominaciones". Gracias a esto sabemos ahora con seguridad que los textos (probablemente el libro de un profeta anónimo) que Lehi estaba leyendo hablaban acerca de la capital del reino de Judá. Tantos reyes como gobernantes no procuraban agradar a Dios y empezaron a complacerse en cometer abominaciones. Estas abominaciones no eran ningún secreto para Lehi, pero con esta lectura probablemente aumento su conocimiento sobre cuan perversas eran las cosas que hacía su pueblo, razón por la que expresa un sentimiento de pena y decepción al exclamar: "Ay, ay de ti Jerusalén".

Además de sus pecados, Lehi "leyó muchas [otras] cosas concernientes a Jerusalén", pero Nefi resume en una pequeña lista de oraciones: "que sería destuida, así como sus habitantes; que muchos perecerían por la espada y muchos serían llevados a Babilonia". A diferencia de otras, esta trágica profecía no tardaría mucho en cumplirse. Actualmente,  y gracias a la historia, podemos saber con muchos detalles la manera en que estas palabras se hicieron realidad. 

El rey Sedequías estableció una alianza con el faraón Apries para hacer frente a las tropas babilonias. Ante esta rebelión el Imperio de Babilonia respondió asediando Jerusalén aproximadamente en diciembre de 589 a.C. El asalto duró entre 18 y 30 meses, tiempo en el que los habitantes de la ciudad sufrieron sobremanera. Finalmente en el año 587 o 586 a.C. los babilonios consiguen adentrarse en la capital. Los judíos debieron haber presentado batalla en un intento de defenderse, pero cuantos intentaron hacerlo seguramente terminaron asesinados porque Jerusalén caería totalmente. Por algunas horas la ciudad debió convertirse en un abominable baño de sangre y lo unico que los miserables judíos podian hacer era tratar de sobrevivir hasta que la sed de sangre de sus enemigos se saciara.

Mientras el pueblo estaba siendo masacrado el rey Sedequías y varios de sus familiares y seguidores intentaron escapar, pero fueron alcanzados por los babilonios en Jericó y después llevados a Ripla, en donde todos los hijos del rey fueron asesinados y a Sedequías le cortaron los ojos. Terminada la carnicería en Jerusalén, la ciudad fue saqueada y arrasada, el templo de Salomón quedó destruido. Los super-vivientes fueron reagrupados y, al igual que Sedequías, llevados a Babilonia.

Imagen extraída de internet.

Aún con esto, hubieron algunos judíos que se les permitió permanecer en el país; sin embargo, geo-politicamente hablando Judá había sido borrada del mapa: el reino de Judá pasó a convertirse en un provincia (llamada Yehud) de Babilonia y su capital ahora era la ciudad de Mizpa. Los israelitas se habían convertido en apátridas, es decir, personas sin ninguna nacionalidad. Y en adición había sido forzados a abandonar su hogar y empezar nuevas vidas en tierras extrañas. 

Como extranjeros en una sociedad no cristiana debieron sufrir mucha xenofobía y racismo. Habían perdido para siempre los ahorros de su vida, sus herencias, sus pertenencias y posiblemente lo unico que tenian era la vestimenta que tenían puesta. Muchos debieron olvidar sus antiguas habilidades laborales para desarrollar otras y encima estar propensos a sufrir explotación laboral. Tuvieron que aprender a adaptarse en un entorno donde se practicaba otra religion, se ejecutaban otras leyes, se hablaba otro idioma, se tenían otras costumbres y tradiciones, se consumian otros tipos de alimentos, se comerciaba en otra moneda, etc.  

Definitivamente las palabras de Lehi, escritas por Nefi, se cumplieron a cabalidad. Los judíos facilmente pudieron haber evitado toda esta tragedia, numerosas veces el Señor envió profetas exhortando que se arrepintieran, advirtiendoles del peligro en el que ellos mismos se estaban poniendo. Lamentablemente el pueblo no quiso escuchar, estaban tan cegados por el pecado que eran como un necio caminando al filo del precipicio haciendose el sordo ante los gritos de los que le advertian del riesgo de caerse. El Señor nunca permite que los Suyos caigan sin antes avisarles del peligro que estan corriendo.